Los ataques de pánico –a veces también llamados ataques de angustia o crisis de ansiedad– son episodios de miedo, temor o intenso malestar que aparecen de manera repentina, cuando no hay un peligro real o evidente. Se producen de forma súbita y generan manifestaciones físicas intensas, acompañadas de pánico extremo y sensación de pérdida de control, catástrofe o incluso la idea de muerte inminente.
Cómo son los ataques de pánico
En muchos casos, el episodio dura sólo unos minutos y suele estar relacionado con alguna situación estresante actual. Su resolución, entonces, dependerá en parte de cómo evoluciona esa situación. Sin embargo, cuando los episodios se repiten con frecuencia, podría tratarse de trastornos de pánico, los cuales suelen estar vinculados a cuestiones estructurales de la historia del sujeto.
Ante este tipo de situaciones, más allá de que no exista un peligro real, es importante buscar acompañamiento y tratamiento psicológico, ya que el miedo reiterado puede llevar al aislamiento y afectar ámbitos sociales, laborales o familiares.
La psicología online es una forma efectiva de acompañamiento emocional, especialmente útil para quienes buscan flexibilidad y seguridad.
Síntomas comunes de un ataque de pánico
Aunque cada persona puede manifestar los ataques de forma distinta, existen síntomas frecuentes que permiten identificar una crisis. Según la OMS, para hablar de ataque de pánico, deben aparecer al menos cuatro de los siguientes síntomas, de forma súbita, sin motivo aparente y con una duración de pocos minutos:
- Sensación de peligro o fatalidad inminente
- Miedo a perder el control o a la muerte
- Taquicardia y palpitaciones
- Sudor
- Temblores
- Opresión en la garganta
- Escalofríos
- Sofocos
- Náusea
- Calambres abdominales
- Dolor en el pecho
- Dolor de cabeza
- Mareos
- Sensación de desvanecimiento
- Hormigueo o entumecimiento
- Sensación de irrealidad o desconexión
¿Cómo calmar un ataque de pánico?
Los síntomas suelen alcanzar su punto máximo en pocos minutos y luego disminuir. Sin embargo, quien lo ha experimentado puede sentirse exhausto y fatigado durante un buen tiempo posterior al episodio.

Causas posibles y tratamientos para los ataques de pánico
Con la reiteración de los síntomas, muchas personas desarrollan evitación: dejan de salir, de tomar transporte, de manejar, por miedo a tener un nuevo ataque. En estos casos, se centra la atención en lo físico, descuidando el origen subjetivo del malestar.
Si bien aún no se conocen con exactitud sus causas, se consideran factores como:
- Herencia genética
- Factores fisiológicos como la hipotensión, la hipoglucemia o la hiperventilación
- Alteraciones bioquímicas
Estos enfoques describen el ataque desde el síntoma, buscando suprimirlo mediante medicación o terapias conductuales.
Una mirada psicoanalítica: más allá del síntoma
Además de pensar en cómo curar los ataques de pánico, es necesario considerar el contexto vivencial en el que comenzaron a aparecer. Desde el psicoanálisis, se propone pensar la vida psíquica del paciente, y cómo lo que no puede decirse con palabras se expresa a través del cuerpo.
Angustia, muerte y pánico
La muerte está simbólicamente presente en los ataques de pánico, ya que suele acompañarse de la idea de estar a punto de morir. Esta vivencia genera una angustia profunda, cuya intensidad no debe ser acallada, sino interrogada y comprendida.
El tratamiento más allá de la medicación
Situar la escena de pánico dentro de la historia subjetiva del paciente permite ir más allá de los fármacos. Si bien la medicación puede ser útil para reducir el síntoma, no resuelve los pensamientos obsesivos ni aborda el conflicto psíquico que está en juego.
La presión por ocultar el malestar, propia de nuestra época (y reforzada por las redes sociales), refuerza el mandato de mostrarse siempre fuerte, perfecto y feliz. Sin embargo, los ataques de pánico –que ya Freud estudió bajo el nombre de crisis de angustia– tienen mucho que decir sobre aquello que nos afecta y no puede ser dicho fácilmente.
¿Qué hacer frente a los ataques de pánico?
Tal vez, la gran tarea del psicoanálisis no sea suprimir el síntoma, sino interrogarlo. El objetivo será entonces crear un espacio de escucha, donde el sujeto pueda, poco a poco, escucharse a sí mismo. Y allí, donde antes hubo silencio y pánico, empezar a recuperar las palabras.
Por Marianela Santillán

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